Panamá se pasa a la derecha

El multimillonario Ricardo Martinelli, favorito en las elecciones de hoy

 Página 12

Después de cinco años del popular gobierno de Martín Torrijos, el hijo del mítico general Martín Torrijos que nacionalizó el canal y se enfrentó a Estados Unidos, el centroizquierda centroamericano podría perder un importante aliado.

Panamá elegirá hoy a su presidente y, esta vez, el giro podría ser hacia la derecha. Después de cinco años del popular gobierno de Martín Torrijos, el hijo del mítico general Martín Torrijos que nacionalizó el canal y se enfrentó a Estados Unidos, el centroizquierda centroamericano podría perder un importante aliado. El empresario multimillonario Ricardo Martinelli se perfilaba ayer como el favorito en las urnas, con una intención de voto del 50,2 por ciento. Hace un año hubiese sido impensado un cambio de color político en Panamá, pero en los últimos meses el oficialismo cayó hasta un 38 por ciento, víctima de una campaña mediática contra su candidata, Balbina Herrera, y su militancia durante la dictadura de Manuel Antonio Noriega.

A pesar de la ansiedad que se respiraba ayer en la capital y los alrededores, el clima era tranquilo y sin grandes sobresaltos. La ciudad quedó empapelada con meses de propaganda electoral y alguna que otra camioneta circulaba despacio por las avenidas recordando las cualidades de uno de los dos principales candidatos. Más de 2,2 millones de panameños descansaban y disfrutaban el fin de semana largo antes de ir a las urnas para elegir no sólo a los próximos presidente y vicepresidente, sino también las 71 bancas del Congreso Nacional, las 20 del Parlamento Centroamericano que corresponden a Panamá, 75 alcaldes y 650 concejales.

La llave del resultado la tendrá la capital y las populosas localidades que la rodean, como la Chorrera, Arraján y San Miguelito, donde se encuentra la mitad de los votantes del país. En esa región, urbana por excelencia, los temas centrales son la creciente inseguridad, el temor a los efectos de la crisis económica internacional en una nación con casi el 30 por ciento de pobres y el colapso del sistema de transporte metropolitano.

Para todos esos problemas, el favorito del momento, el empresario Martinelli, tiene una misma respuesta: “Terminar con los políticos de siempre”. Con 57 años recién cumplidos y una imagen de padre preocupado por el futuro de sus hijos, el dueño de la principal cadena de supermercados del país promete poner fin a la corrupción, garantizar una jubilación digna para todas las personas mayores de 75 años, becas universitarias, un subte “del primer mundo” y un tercer punto sobre el gigantesco Canal que une el Océano Pacífico con el Atlántico.

Según repitió hasta el cansancio durante la campaña el enfrentamiento izquierda y derecha ya no existe. Sin embargo, también dejó en claro que todo lo que huela a izquierda, como los presidentes de Cuba y Venezuela, Raúl Castro y Hugo Chávez, le revuelve el estómago.

La promesa de cambio de Martinelli y sus esfuerzos por “terminar con la década perdida de la izquierda” no se impusieron en medio de una crisis de legitimidad del actual gobierno o como consecuencia de una profunda recesión. El presidente Torrijos dejará la presidencia con una popularidad del 57 por ciento y, a pesar de la dependencia económica con Wa-shington –la economía panameña está dolarizada–, el país no dejó nunca de crecer y este año lo hará entre un tres y cinco por ciento.

Ninguno de estos logros, ni la aprobación de la ampliación del Canal de Panamá, en la que se invertirá más de cinco mil millones de dólares y dará empleo a miles de trabajadores, ayudó a la candidata oficialista Balbina Herrera. A diferencia de su rival, es una experimentada militante política y funcionaria. A finales de los setenta se unió al Partido Revolucionario Democrático (PRD) del general Torrijos y para mediados de los ochenta asumió su primer cargo importante, como alcaldesa del populoso distrito de San Miguelito, designada por el dictador Noriega, preso hoy en Estados Unidos por narcotráfico.

Según coinciden los analistas locales, muchos panameños no le perdonan su participación en la dictadura ni su férrea defensa de Noriega en la víspera de la invasión norteamericana en 1989. Pero la ingeniera agrónoma de 54 años y tez morena prometió una elección peleada, y recordó que fueron los empresarios panameños los que hicieron los negocios y amasaron sus fortunas gracias a Noriega.

Página/12

¿Por qué la filosofía?

Enrique Dussel A. 

Eliminar las disciplinas filosóficas de la enseñanza media superior es traicionar irresponsablemente la posibilidad de tomar conciencia de los fundamentos de la autodeterminación crítica y ética de la tecnología, la economía y la política del país.

En todas las grandes culturas neolíticas, en Egipto, desde los textos de Menfis en el tercer milenio antes de la era común; en la China, desde el tercer milenio de dicha era con el I Chin; en el Indostán, desde el comienzo de la elaboración oral de los Upanishad; en Palestina, desde el siglo VIII adC, con los profetas de Israel; en Grecia, desde la misma época, aproximadamente, y en América, un milenio después, se fueron dando los cánones que organizaban la sabiduría de esos pueblos. Las comunidades urbanas realizaron una labor de síntesis de los principios que fundaban sus determinados modos de vida. Los que se dedicaban a esa labor de ordenar las interpretaciones más profundas de la existencia de esas comunidades altamente desarrolladas se denominaron amantes de la sabiduría (en griego filósofos, en azteca tlamatinime). Eran los que podían dar cuenta de forma ordenada y racionalizada de los diversos modos del saber, es decir, que relacionaban las observaciones astronómicas, descubrimientos matemáticos, etcétera, con las experiencias agrícolas, los saberes medicinales y con los recuerdos de las gestas de los pueblos.

De esta disciplina intelectual (entre los griegos denominada episteme, que podríamos traducir como saber estricto por argumentación) se fueron lentamente desprendiendo todas las hoy llamadas ciencias. La misma matemática era parte de la enseñanza filosófica en la Academia de Platón, en Atenas. La astronomía formaba parte de la física, que era una disciplina filosófica en el Liceo de Aristóteles. La escuela filosófica de Bagdad, desde el siglo IX, se ocupaba igualmente de la matemática, inventó los números arábigos, los logaritmos y la astronomía heliocéntrica, entre otros. Y fue por influencia árabe, por conducto de los traductores de Toledo, que la filosofía con base empírica aristotélica llegó a París en el siglo XIII, punto de partida de todo el desarrollo posterior europeo de las ciencias.

En épocas normales, donde el orden de un sistema civilizatorio funciona todavía adecuadamente, los momentos clásicos de las culturas, la filosofía ordena los saberes y permite crear el tejido intersticial de las ciencias, dando unidad a la cosmovisión correspondiente. Así funcionó durante más de 20 siglos la filosofía confuciana en China, que se ha regenerado con el neoconfucianismo que alienta en el presente el renacer aún económico del Oriente extremo (desde Singapur a Surcorea o China –ya que Mao Tse Tung, aunque marxista era en verdad un lector asiduo de Wang Yang-ming (1472-1529), el fundador del neoconfucianismo. En estos casos la filosofía es el fundamento de la educación del sistema.

Pero en épocas de crisis como la que experimentamos en el presente (no sólo en los países centrales del capitalismo por el colapso del dogmatismo neoliberal y el estancamiento de la producción industrial, sino igualmente por la crisis de los partidos políticos y el sistema representativo en todo el mundo) es necesario repensar todo el andamiaje científico, tecnológico y político, lo que exige tener capacidad crítica y vislumbrar el conjunto del proceso civilizatorio para inventar nuevos supuestos y alternativas. Para ello no bastan las ciencias de mediaciones, de los instrumentos de un sistema, sino las disciplinas que permiten repensar la totalidad de los medios y los fines, de su sentido último, para descubrir las contradicciones que han llevado a la sociedad en su conjunto a callejones sin salida.

Es entonces, en esos momentos límites, que la crítica de la totalidad es imprescindible y la filosofía es la única disciplina racional (que sabe pensar aún el fundamento de las ciencias) que puede encarar esa función crítico-creadora. La geometría desarrolla en un espacio abstracto y vacío sus axiomas y desarrollos posteriores, pero la filosofía puede pensar lo que dicho espacio es, condición que posibilita la geometría. La matemática se ocupa de la cantidad, de los números, pero no puede definir lo que son la cantidad y el número: los usa, pero no puede describir su contenido último. Los sistemas de salud, la medicina, suponen la definición de la enfermedad (que es muy diversa en cada cultura y evoluciona históricamente), pero no pueden tratarla como su objeto, sino que la suponen implícitamente. Y así en todos los sistemas científicos, sociales, políticos o económicos.

La economía de mercado supone la existencia del mercado –concepto que, en primer lugar, introdujo en la argumentación moderna un filósofo: Adam Smith (1723-1790)– y su definición exige la intervención del filósofo. Recuérdese que el mercado fue incluido como un momento de una argumentación ética y fue la propuesta de B. de Mandeville (1670-1733) para solucionar la contradicción de la existencia de vicios privados (como el propio interés) que se transformaban en virtudes públicas (la producción de riqueza social por parte del egoísta).

En toda crisis la práctica de la filosofía integrada a grupos interdisciplinarios es esencial ya que permite pensar los supuestos de un sistema económico, político, pedagógico, etcétera, para crear en cada campo las condiciones innovadoras de alternativas no sospechadas.

Por ello es lamentable que un país en crisis como México elimine de la enseñanza media superior el aprendizaje filosófico, lo que supondría dotar al alumno de recursos teóricos que sólo le permitan repetir lo que se supone que el mercado en crisis requiere y no, principalmente, para descubrir innovaciones creativas en otros aspectos o sistemas inéditos, pero posibles para una mente adiestrada, no en la mera repetición mimética, sino en saber pensar lo inédito. Más que nunca se necesitan espíritus creadores y no meramente repetitivos de caminos trillados que llevan al despeñadero.

Además, la corrupción generalizada de la sociedad, en la economía (¡hasta los banqueros roban!), en la política (los representantes piensan en sus ventajas y no en la de sus representados), en la religión (los sacerdotes son pederastas o corruptores de menores), etcétera, nos habla de la necesidad de que la población pueda meditar en algún momento de su etapa educativa sobre la ética, sobre la responsabilidad del cumplimiento de principios que hagan la vida humana digna de ser vivida. Y es solamente en las clases de ética, impartidas por filósofos en la preparatoria, que se pueden estudiar esas cuestiones cruciales para la existencia humana.

Por todo ello nos parece del todo injustificado, irracional y propio de personas no sensibles a las dificultades que sufre nuestra sociedad, el haber pensado siquiera eliminar las disciplinas filosóficas de la enseñanza media superior. Se formarían profesionales aptos para «apretar botones» de máquinas que no podrían desmontar ni inventar para que fueran las adecuadas para una sociedad más equitativa. Serían autómatas al servicio del mejor postor sin ninguna conciencia crítica, ni creadora ni ética. Lo peor que le puede acontecer a un pueblo es formar a sus profesionistas como simples ejecutores de órdenes venidas de los países hegemónicos, que siempre intentan transferir hacia el centro las riquezas de las neocolonias que se dejan explotar. Es evidente que esos planes de estudios (la reforma de la enseñanza media superior) han sido ideadas por los países más desarrollados y dominadores, que nos «venden» esos planes como los más avanzados, siendo, en verdad, proyectos que nos «desarman» teóricamente e impiden detectar los mecanismos de la indicada transferencia de riqueza.

Eliminar las disciplinas filosóficas de la enseñanza media superior es traicionar irresponsablemente la posibilidad de tomar conciencia de los fundamentos de la autodeterminación crítica y ética de la tecnología, la economía y la política del país.

La Jornada

La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos (Descargar Libro)

la-bolsa-o-la-vida

Colección Secretaría Ejecutiva

Eric Toussaint

CLACSO, http://www.clacso.org.ar/

Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina Octubre de 2004

ISBN 987-1183-04-6

 

INDICE

  • Prefacio del autor a la edición en español
  • Prefacio
  • Prefacio del autor a la segunda edición en francés
  • Introducción
  • Capítulo 1. Mundialización y ofensiva neoliberal
  • Capítulo 2. La concentración del capital
  • Capítulo 3. La mundialización excluyente: Marginación del tercer mundo y reforzamiento de la tríada
  • Capítulo 4. Mundialización financiera. En crisis
  • Capítulo 5. Mundialización y crecimiento del endeudamiento
  • Capítulo 6 Retorno al pasado: Puesta en perspectiva de la crisis de la deuda
  • Capítulo 7. La crisis de la deuda del Tercer Mundo durante el período 1980-1990
  • Capítulo 8. Las transferencias del sur hacia el norte
  • Capítulo 9. Banco Mundial/FMI: más de medio siglo¡Ya Basta!
  • Capítulo 10. El banco mundial y la crisis de la deuda del tercer mundo
  • Capítulo 11. Los programas de ajuste estructural definidos por el FMI y el Banco Mundial
  • Capítulo 12. Las dos fases del ajuste estructural
  • Capítulo 13. Ideología y política neoliberales: perspectiva histórica
  • Capítulo 14. La deuda en los albores del tercer milenio: América Latina y África sub-sahariana
  • Capítulo 15. Estudios de casos: Argentina, Ruanda, México, Irak y Brasil
  • Capítulo 16. Tempestad en Asia: Los tigres domados
  • Capítulo 17. Pistas para Algunas alternativas
  • Capítulo 18. Por una globalización de las respuestas
  • Cronología. Banco Mundial/FMI y Tercer Mundo
  • Léxico
  • Bibliografía

 

Prefacio. Christian De Brie1 (Redactor de Le Monde Diplomatique)

La historia  contemporánea es la historia de la conquista del mundo por un número cada vez más restringido de gigantescos conglomerados, constituidos en sociedades multinacionales, que libran una guerra permanente por el control de los mercados, implicados en una tentativa de subordinación de todas las actividades humanas a la lógica de la ganancia.

Si los procesos de acumulación y concentración del capital son fenómenos viejos, conocen en el período reciente una formidable aceleración debido a las grandes innovaciones tecnológicas. La transformación de las técnicas de almacenamiento, tratamiento y transmisión de información (informática, robótica, telecomunicaciones) permite por primera vez en la historia de la humanidad llevar a cabo estrategias planetarias en tiempo real, es decir, seguir y evaluar al momento, a partir de un lugar determinado, la aplicación de directivas en cualquier rincón del planeta, y adaptar en consecuencia el contenido, localización, condiciones de funcionamiento y salidas de cualquier actividad.

El efecto de esta revolución ha sido amplificado por otros grandes cambios de carácter político.

El primero es la puesta en cuestión por las sociedades multinacionales, en nombre de la libertad, de la soberanía de los estados y del poder regulador que la acompaña. En particular en el terreno económico (moneda, cambio, aduana, tasas de interés, flujo de capitales, política financiera, fiscal y presupuestaria, sector público) y social (legislación social y derecho del trabajo, salario mínimo y prestaciones familiares, libertad sindical, régimen de pensiones, salud y educación). Esto ha sido legitimado por una ideología liberal particularmente ofensiva y guiada con mano de hierro por quienes detentan el poder económico y cultural. Ningún esfuerzo es escatimado para forjar la idea de la superioridad de la iniciativa privada sobre la acción pública, de la eficacia y rentabilidad de una y de la incompetencia y corrupción de otra; de la natural preferencia humana por la acción individual más que por la solidaridad colectiva; de la necesidad de restringir el Estado a sus estrictas funciones de garante del orden, del control social, de la seguridad de las personas y de la propiedad privada de los bienes. A la vez que se martilla con la idea de que un Estado libre es un Estado donde los negocios son libres, se oculta la complicidad permanente del aparato del Estado con los grupos de presión de los grandes negocios al servicio del capital. Sin embargo, estos apuntan a políticas de desregulación sistemáticas que responden a dos objetivos mayores.

Por una parte, constituir progresivamente, sector por sector, un espacio, es decir un mercado mundial sin otra ley que la aceptada por las multinacionales para reglamentar la competencia en la que están enfrascadas, o sea una especie de derecho de guerra económica. Tal es el papel desarrollado, por ejemplo, por la Organización Mundial del Comercio (OMC), gigantesca organización que pone en cuestión la legitimidad estatal.

Por otra parte, dar la oportunidad a los que disponen de los enormes medios necesarios, es decir las multinacionales, de sacar partido, según sus intereses, de las posibilidades ofrecidas por las nuevas tecnologías. En particular en el terreno financiero, donde la circulación instantánea de los capitales, y la multiplicación de los lugares y de los participantes, de los productos y de las técnicas especulativas, han llevado a inflar una burbuja financiera desmesurada y sin relación con la realidad de la actividad. Se sabe que cerca de 1,2 o 1,5 billones de dólares flotantes que se intercambian cada día –el equivalente del PNB de Estados Unidos– representan más de 60 veces las transacciones internacionales de bienes y servicios (…)

Descargar Libro: La Bolsa o La Vida