Good Bye, Green Boy?

Eduardo Montes de Oca  

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El clamor brota lo mismo de Rusia, China, Kazajstán, Venezuela, que de personalidades como el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Sí, el mundo debería incluir entre sus prioridades la creación de un sistema global de reserva monetaria que reemplace al del dólar. ¿Por qué? Porque, sin desdeñar la teoría, en tiempos de crisis desalada y honda incluso la mera observación empírica nos hace apreciar, digamos que sin necesidad de visor infrarrojo, lo que los especialistas vienen discutiendo durante decenios: la debilidad de un régimen excluyente de casi todos los dineros que en el planeta son. 

 

Más aún teniendo en cuenta la creciente acumulación del llamado billete verde, justamente a causa del miedo a su alto nivel de volatilidad, de inestabilidad, de desigualdad, como nos explica el laureado científico.

 

Recordemos con el experto cubano Osvaldo Martínez que Estados Unidos, el país donde detonó la crisis y el de mayor responsabilidad en los desequilibrios y las políticas que contribuyen a desatarla, está lanzando dólares a raudales en los tan a la moda planes de rescate, gracias al privilegio de que su moneda nacional es también moneda de reserva internacional -¿habrá más enconada desigualdad que esto?-, “alegre emisión” materializada mientras la economía interna cae, arrostrando un déficit presupuestario que, calculado para el 2008-2009 en 1,7 billones de dólares (12,3 por ciento del PIB), contribuye a minar la escasa confianza en la divisa.

 

Por eso, ni cortas ni perezosas, Rusia y China han revelado su aspiración a que el rublo y el yuan se conviertan al menos en monedas regionales, y con ellas ya andan ampliando gradualmente la esfera del comercio bilateral. Como si resultara poco, China y Argentina acaban de alcanzar un sonado acuerdo de facilidades recíprocas, que permite a Buenos Aires la compra de productos chinos con una línea de crédito abierta de 70 mil millones de yuanes (unos 10 mil millones de dólares), y pone a disposición de Pekín una suma equivalente en pesos. El gigante asiático ha rubricado tratos similares con Corea del Sur, Malasia, Bielorrusia e Indonesia; y el suramericano, con Brasil.

 

Entretanto, el orbe comenta asuntos como el acuerdo marco del Sistema Único de Compensación Regional de Pagos (SUCRE), el cual, recién firmado por las naciones integrantes de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, suple el trueque dolarizado por uno que fluye mediante una moneda al principio virtual, con curso desde el 1ro de enero de 2010, entre los miembros del ALBA (Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Dominica, Honduras, San Vicente y las Granadinas); así como entre Ecuador y Paraguay, observadores del bloque. Otro tema candente: la proposición de una “petromoneda como divisa de reserva alternativa”, realizada por el presidente Hugo Chávez en la Cumbre América del Sur-Países Árabes, celebrada en Qatar.

 

Ahora, ¿este alentador panorama haría vaticinar una pronta variación en las relaciones comerciales del planeta? Si bien el analista Marcelo Justo (BBCMundo) nos recuerda que la moneda internacional del siglo XVIII, XIX y de comienzos del XX -la libra esterlina- se derrumbó justamente debido al déficit acumulado por el imperio británico durante las guerras mundiales y al ascenso incontenible de la nueva potencia (Estados Unidos), al mismo tiempo él y muchas otras fuentes nos sugieren implícita o explícitamente atender a lo endeble de las generalizaciones basadas en las analogías. Por la dimensión política, práctica, del asunto.

 

No en vano el director de una entidad todavía tan influyente como el FMI, Dominique Straus-Kahn, aseguraba a voz en cuello que no hay motivos para suponer al dólar incapaz de seguir cumpliendo la función de principal divisa universal. Ingenuo quien no aprecie la disposición militante del Fondo, que recibió en la última cita del G-20 -los países más industrializados junto con los “emergentes”- la promesa de 500 mil millones de… dólares -no euros, no yuanes, no rublos- adicionales a los 250 mil convenidos con anterioridad.

 

Por nuestra parte, nos sumamos a quienes aconsejan realismo a la hora de las predicciones, pues resulta más que evidente una suerte de inercia que inclina al sistema global hacia el dólar, puede que fundamentalmente porque el cambio raudo de moneda añadiría más inestabilidad a un sistema apenas en pie. Además, partamos de una pregunta casi retórica: ¿La aún superpotencia, Estados Unidos, se avendría a la pérdida del privilegio de la emisión sin tasa? No lo creemos. No en balde la nación de milenaria paciencia que es China -el principal acreedor de USA… en dólares- ha apostado por el paso cauto. Por que el yuan y el rublo se fortalezcan primero regionalmente. Después, ya se verá. Quizás un día no tan lejano podremos dar un adiós radical al chico verde llamado dólar, aún hoy apoltronado en el sitial de “honor”.

 

Insurgente

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