África y la historia (Descargar Libro)

Luis César Bou 

africa-esclavitudLa negación de la historicidad de los pueblos africanos cumplió la misma función ideológica que la negación de su humanidad. Aquí la ideología muestra sus uñas tal y como es: una falsa conciencia del mundo, al servicio de la explotación de los más débiles

 

Muchos conceptos y categorías de análisis, que se creía universales, hoy se descubren como muy particulares. Las premisas de las que partían razonamientos muy floridos muestran su falsedad absoluta. La realidad siempre ha sido concebida de acuerdo a los deseos de los hombres. También quienes han querido cambiar el mundo lo han interpretado de acuerdo a ese deseo.

Pero no es tan malo naufragar, si el barco nos conduce hacia alguna forma de engaño. Mucho menos si podemos aferrarnos a algo que nos saque a flote, para nadar hacia una orilla mejor. Gentes como Diop y James fueron conscientes de esa tabla que puede servir a cualquier náufrago: la producción de conocimiento ligada al compromiso.

La investigación histórica más profunda y original ha estado siempre ligada a un compromiso con los oprimidos del presente. La ausencia de ese compromiso conduce, en el mejor de los casos, a la divagación estéril, y en el peor, al reforzamiento de la ideología que facilita la opresión. Ambos casos implican, en lo que a los individuos concierne, un triunfo de la mezquindad. Por lo que hace a las investigaciones académicas, en tanto tales, no puede esperarse que sirvan a otros intereses que a los de aquellos que, generosa o mezquinamente, las financian.

Hoy el racismo no osa decir su nombre, pero para que eso fuera posible hizo falta una larga lucha, llevada adelante, no por los filántropos blancos, sino por aquellos que sufriendo sus consecuencias fueron los suficientemente fuertes como para aceptar el compromiso. Como hace mucho tiempo sostuvo Paul Baran (Baran, 1961), eso es lo que define al verdadero intelectual, y no el ganarse la vida de una manera determinada.

Libro tomado de: http://www.africafundacion.org/

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«La trata de negros desarrolló las sociedades occidentales y hundió a África en el subdesarrollo»

Freddy Mulumba Kabuayi   

 

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Entrevista con el escritor y profesor Didier Gondola :: Exploración de las causas de la esclavitud y trata de negros; sus fundamentos políticos y socioeconómicos

 ¿Cómo explica las causas de la esclavitud y la trata de negros? 

La trata de negros, que empezó en el siglo XV y de la que África fue la víctima, procede de varias causas al mismo tiempo económicas, políticas, históricas y geográficas. En realidad, África ha sido víctima del capitalismo occidental que se desplegó a partir del siglo XV. Hay que tener en cuenta, y muchas personas no lo saben, que los europeos no vinieron a África para reducir a los africanos a la esclavitud. ¡No era su objetivo! En aquella época, África interesaba muy poco a los europeos. Éstos vinieron a África buscando una ruta para llegar a Asia. El interés de los europeos era Asia, que siempre fue un granero para Europa. Europa lo ha recibido todo de Asia. Sin Asia, Europa no se habría desarrollado como lo hizo a partir del siglo XIV. Cuando los europeos buscaban una vía para llegar a Oriente, a las Indias, y por lo tanto a Asia, ¡encontraron África! Un vasto continente que rebosa recursos. Es a partir de entonces cuando se desarrolló, poco a poco, la idea de que África se podría utilizar como una reserva de mano de obra, una mano de obra esclava. Se han escrito muchas obras sobre las causas de la esclavitud. Hay una en particular que ha relacionado la esclavitud con el descubrimiento de la caña de azúcar por los europeos.

Se considera que el azúcar es «la madre de la esclavitud», ¿por qué?

Porque en el siglo XIV, cuando los europeos empezaron a cultivar la caña de azúcar, necesitaban mucha mano de obra. La caña de azúcar es una planta que no sólo hay que cultivar. Después hay que molerla, refinarla… etcétera. Y esto requiere mucha mano de obra. Para cultivar una hectárea de azúcar hace falta una persona a tiempo total. Para mil hectáreas, un plantador necesitaba 1.000 esclavos. De hecho, África sirvió como campo de ensayo para las plantaciones de azúcar que se desarrollaron después en Cuba o Brasil. Esto empezó en la isla de Santo Tomé. En cuanto a las causas, son numerosas. Las principales son simplemente económicas: los europeos querían dinero y resultaba práctico que los africanos no estuvieran demasiado lejos de Europa ni de las Américas. Otra razón fundamental es que en África ya existía la esclavitud. Los europeos no reinventaron la rueda, en África se practicaba este sistema desde hacía mucho tiempo Seguir leyendo ««La trata de negros desarrolló las sociedades occidentales y hundió a África en el subdesarrollo»»

Epidemia de miedo

Julio Hernández López

 

 

Todo de un golpe: mediante un simple decreto, sin siquiera tomar la opinión del congreso pripánicamente controlado, el ocupante de Los Pinos se otorgó a sí mismo (a través de su dependiente, el secretario de Salud) facultades discrecionales para aislar individuos, allanar casas y locales, hacer compras cuantiosas sin licitación pública y suspender concentraciones públicas (¡Aguas: llegó la SS!). Además, la crisis provocada por la influenza opacó y desequilibró las campañas electorales en puerta, incrementó la desesperanza cívica, introdujo el virus de la desconfianza y elevó el del conservadurismo en la plaza normalmente liberal del Distrito Federal, colocó en las calles de esta capital del país a soldados en misiones hoy solamente sanitarias, permitió que por televisión abierta de alcance nacional (Televisión Azteca) se transmitieran misas católicas y tendió una cortina de humo viral sobre temas polémicos en curso como las cuentas públicas de Fox, la propuesta felipista del estado militar de emergencia, las amenazas de represión neoporfirista en Cananea y el escándalo de la Lotería Nacional en Campeche (donde Germán alegremente reinstaló como coordinador de la campaña panista a uno de los acusados por el caso de soborno).

El tapabocas político y social tiene como antecedentes los manejos tramposos que los mismos dictaminadores de hoy han hecho en temas como el narcotráfico, la crisis económica y los préstamos recientes (sólo ayer, 205 millones de dólares del Banco Mundial). La suspicacia colectiva va de los diez mil muertos por asuntos de drogas al riesgo de fallecimientos por una epidemia tardíamente detectada y mal manejada; del catarrito de Carstens y la fanfarronería original de Calderón a la influenza porcina que en otras latitudes no ha provocado el estremecimiento que en México; de la buena fe y la evidencia mediática de que el problema es real al temor de que esté siendo utilizado políticamente por los siempre desesperados ocupantes ilegítimos del poder mexicano, deseosos de trastocar los escenarios electorales que en estos momentos les auguraban derrotas sonoras en comicios federales y locales; de la creencia en las intenciones más o menos buenas de los gobernantes a La doctrina del shock, el libro en que Naomie Klein demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras formas de shock no tan metafóricas: el golpe de la porra de los policías, las torturas con electroshocks o la picana en las celdas de las cárceles .

Hechos públicos, intenciones privadas (aunque, ¿cuán comprobable es lo que hasta ahora las autoridades federales y capitalinas han mantenido en el controlado ámbito de las declaraciones a los medios, sin dar datos específicos de los muertos, sin permitir que especialistas independientes analicen los reportes médicos y tengan acceso a evidencias biológicas de la epidemia?). Desgracia pública, negocios privados. Catástrofe de temporada, apocalipsis de fin de semana, adiós momentáneo pero augural a la convivencia táctil (no a los saludos de mano y de beso) y el médico guanajuatense Córdova saliendo al paso, junto con el trastabillante semisecretario de Educación, Alonso Lujambio, que habría reprobado un Enlace de primero de primaria por no saber contar ni el número de días que no habrá clase (tres y pico, dijo el funcionario), y el sargento Javier Lozano, que para compensar los malos tratos a los obreros se desvivió en amabilidad hacia los empresarios para ver si les da su regalada gana atender las circunstancias difíciles del país y no aprovechan la situación para correr o castigar a quienes falten al trabajo o lleguen tarde.

¿1984 con el Big Brother epidémico o los preparativos para filmar una versión local del guión de los hermanos Wachowski que acá se llamaría Con D de Desconfianza o el 666 conmemorativo del segundo año de la legalización del aborto en el Distrito Federal (regreso a clases, el 6 de mayo; dinero disponible para enfrentar el problema, 6 mil millones de pesos; número de tapabocas repartidos en el D.F., 6 millones)? El desamor en los tiempos de la influenza a partir de los tapabocas de azul panista. Ciudadanos sometidos a la dictadura de la miseria institucionalizada, con sistemas de salud abatidos por la corrupción de funcionarios y empresarios y por el pensamiento neoliberal todavía dominante en las élites. Cuerpo social extenuado que de pronto se encuentra con los anuncios de fin de mundo mientras, por ejemplo, en Estados Unidos, los casos son pocos, controlados y sin muertes. En Washington se declaró ayer el estado de emergencia de salud pública , pero ello no es sino un mecanismo usual para destrabar fondos que permitan enfrentar oportunamente determinadas incidencias susceptibles de empeorar. Y ayer mismo, John Brenman, el asistente de la Casa Blanca para asuntos de seguridad interna, negó (y con ello le dio fuerza a la especulación) que lo sucedido en México fuese un bioterrorismo y aseguró que es muy temprano para saber si hubo una acción premeditada para generar el brote de influenza porcina.

Pero, mientras son peras o son porcinos, el panorama político y social cambia en México, con el virus del miedo reproduciéndose aceleradamente y con analistas atentos en las alturas a las reacciones de la sociedad y los opositores al poder ante decisiones que avanzan en la instalación de mecanismos de amedrentamiento colectivo que inhiban participaciones electorales, que ante el peligro real o exagerado fomenten el conservadurismo, que vayan arrinconando incluso la idea de lo electoral y lo democrático y que permitan continuar con formas de control arbitrarias, con prolongados estados de excepción, sea por razones médicas, militares o sociales.

 

 

La Jornada