Diego Rivera – Biografía breve (Y video)

Movimiento Realismo – Muralismo

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Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez (Guanajuato; 8 de diciembre de 1886 — México, D. F.; 24 de noviembre de 1957) fue un destacado muralista mexicano de ideología comunista, famoso por plasmar obras de alto contenido social en edificios públicos. Es creador de diversos murales en distintos puntos del centro histórico de la Ciudad de México, así como en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo,[1] y en otras ciudades mexicanas como Cuernavaca y Acapulco, así también algunas otras del extranjero como San Francisco, Detroit y Nueva York. 

 

 Primeros años y vida en México

 

Nació el 8 de diciembre de 1886 en la ciudad de Guanajuato, México, en una familia de judíos conversos, es decir, de judíos que se vieron obligados a convertirse al catolicismo (fue criado como católico, pero estaba consciente de su herencia judía).[2] A partir de 1896 comienza a tomar clases nocturnas en la Academia de San Carlos de la capital mexicana, donde conoce al célebre paisajista José María Velasco. En 1905 recibe una pensión del Secretario de Educación, Justo Sierra y en 1907 recibe otra del entonces gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa Méndez, que le permite viajar a España a hacer estudios a obras como las de Goya, El Greco y Brueghel;[3] e ingresar al taller de Eduardo Chicharro en Madrid. A partir de entonces y hasta mediados 1916 alterna su residencia entre México, España y Francia, país en el cual tuvo los primeros contactos con las reuniones de artistas de Montparnasse, donde tuvo acercamientos con intelectuales y artistas de como Alfonso Reyes Ochoa, Pablo Picasso y Ramón María del Valle-Inclán, consiguiendo el acercamiento con las nuevas corrientes que en Europa existían como el cubismo. Ese mismo año, en París, nace su primer hijo, Diego, fruto de su primer matrimonio con la pintora rusa Angelina Petrovna Belova mejor conocida como Angelina Beloff; sin embargo, el niño moriría al año siguiente. Hacia 1917, influenciado por las pinturas de Paul Cézanne, se introduce en el Postimpresionismo, logrando captar la atención con sus acabados y vivos colores, a diferencia de otros muralistas mexicanos.

 

 

En 1919 nace una hija fruto de sus relaciones extramatrimoniales con Marievna Vorobieva-Stebelska, Marika Rivera y Vorobieva, a la que nunca reconocería pero sí sostendría económicamente. Hacia el año de 1920, y gracias al entonces embajador de México en Francia, Alberto J. Pani, Rivera abandonó el país y emprendió un viaje a Italia, donde comenzó el estudio del arte renacentista. Cuando Álvaro Obregón designó a José Vasconcelos como secretario de educación, Diego Rivera regresó a México para participar en las campañas emprendidas por Vasconcelos y en las cuales participó también con los muralistas mexicanos José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, así como con el artista francés Jean Charlot.

 

En enero de 1922, comenzo a pintar su primer mural, en el Anfiteatro Simón Bolívar de la escuela Preparatoria Nacional.[4] La pintura de Rivera comienza a convertirse en un factor considerable y de influencia para el Movimiento Muralista Mexicano y Latinoamericano. En diciembre de ese mismo año se casa con Guadalupe Marín, también conocida como la «Gata Marín», la muchacha que limpiaba la casa en donde éste vivía mientras hacía el mural de la Escuela Nacional Preparatoria. Era una indígena mexicana de piel morena, larga cabellera negra y ojos verdes. Seguir leyendo «Diego Rivera – Biografía breve (Y video)»

América Latina: La izquierda llega al gobierno pero no tiene el poder

Eric Toussaint

Rebelión

Introducción: Tres grandes categorías de gobiernos en América latina

En América Latina, si exceptuamos a Cuba, podemos señalar tres grandes categorías de gobiernos. En primer lugar, los gobiernos de derecha, aliados de Washington, que desempeñan un papel activo en la región y ocupan una posición estratégica: son los de Álvaro Uribe en Colombia, Alan García en Perú y Felipe Calderón en México.
En segundo lugar, hallamos presuntos gobiernos «de izquierda» que llevan a cabo una política neoliberal y apoyan a la burguesía nacional o regional en sus proyectos: Brasil, Uruguay, Chile, Nicaragua y el gobierno de Cristina Fernández Kirchner, de los peronistas argentinos. Son gobiernos que hacen una política neoliberal, que favorece al gran capital, maquillada con algunas medidas de asistencia social. En efecto, doran un poco la píldora neoliberal aplicando programas sociales. Por ejemplo en Brasil, las familias pobres reciben un poco de ayuda del gobierno, lo que le asegura el apoyo popular en las regiones más pobres del país.

Algunos de estos gobiernos intentan mejorar sus relaciones con Washington, especialmente con el establecimiento de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. Chile firmó uno y Lula, en Brasil, también busca un acuerdo con Washington en torno a una serie de asuntos políticos. Pero al mismo tiempo persisten grandes divergencias de opinión entre el gobierno de Lula y Estados Unidos. Dichas divergencias se refieren a la defensa de los intereses de la burguesía brasileña que conciernen a la agricultura y a una serie de sectores industriales, especialmente los dirigidos a la exportación, que no aceptan el proteccionismo de Estados Unidos.

En la tercera categoría de países se encuentran Venezuela, Bolivia y Ecuador, que se enfrentan con la oposición activa de importantes sectores de la clase capitalista local y de Washington. Cuba es, en sí misma, una cuarta categoría.

1. Características de las experiencias en curso en Venezuela, Ecuador y Bolivia

La importancia de las movilizaciones populares…

En cuanto a los países que conforman la tercera categoría, Venezuela, Bolivia y Ecuador, hay que señalar que únicamente podremos entender la política de estos países si tenemos en cuenta las potentes movilizaciones populares que jalonan su historia reciente. En Ecuador, cuatro presidentes de la derecha fueron devueltos a sus casas entre 1997 y 2005 gracias a las grandes movilizaciones de la población. En Bolivia surgieron importantes luchas contra la privatización del agua en abril de 2000 y a finales de 2004. Las movilizaciones relacionadas con el gas, en octubre de 2003, derrocaron e hicieron huir (a Estados Unidos) al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Venezuela, desde 1989, ha conocido importantes movilizaciones que inauguraron las grandes luchas sociales contra el Fondo Monetario Internacional, que se desarrollaron a escala planetaria en los años noventa. Pero fueron todavía más espectaculares las enormes movilizaciones populares del 12 de abril de 2002, manifestaciones espontáneas de protesta contra el golpe de Estado para derrocar a Hugo Chávez. Estas movilizaciones consiguieron, directamente, el regreso de Hugo Chávez al palacio presidencial de Miraflores el 13 de abril de 2002. Las grandes movilizaciones populares son un factor decisivo en la existencia y supervivencia de los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

… y de la adopción democrática de nuevas constituciones

El segundo punto importante es la revisión de la Constitución. En 1999 en Venezuela, durante el primer mandato de Hugo Chávez, se adoptó por referéndum una nueva Constitución democrática (redactada por una Asamblea Constituyente). Dicha Constitución, que sigue actualmente en vigor, ha garantizado más derechos culturales, económicos y sociales a la mayoría de la población venezolana.

Además, la propia Constitución estableció un mecanismo democrático que permite revocar, a media legislatura, a los cargos elegidos a todos los niveles (incluido el presidente de la República). La adopción de una nueva Constitución en Venezuela, posteriormente inspiró a los gobiernos de Bolivia y Ecuador. Ecuador adoptó una nueva Constitución en septiembre 2008 y Bolivia en enero 2009. ¡Son reformas efectivamente profundas! Esos cambios políticos democráticos que se están llevando a cabo en estos tres países no sólo se han silenciado sistemáticamente en los medios de comunicación de los países más industrializados y otros, sino que además dichos medios han orquestado una campaña constante de injurias con el fin de presentar a los jefes de Estado de los tres países como repulsivos dirigentes populistas y autoritarios.

Las experiencias de estos tres países andinos, en relación con la adopción de nuevas Constituciones, son muy ricas. Deberían inspirar a los pueblos y las fuerzas políticas de los demás países. Sólo hay que comparar la situación de Europa, con la ausencia de un procedimiento democrático para la aprobación del Tratado constitucional. Por supuesto, las experiencias en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador también tienen contradicciones y límites importantes que hay que analizar.

Recuperación del control público sobre recursos naturales

Un tercer punto importante: los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador tomaron medidas para reforzar el sector público y obtener el control de los recursos naturales. En Venezuela, el Estado tomó el control de la gran compañía petrolera PDVSA que, aunque era pública, favorecía los intereses privados y declaraba la mayoría de sus rentas en Estados Unidos. Fue una batalla muy dura. La clase capitalista organizó un golpe de Estado en abril de 2002 seguido de un cierre que paralizó la empresa en diciembre de 2002 y enero de 2003. El producto interior bruto de Venezuela se hundió en los primeros meses de 2003, pero finalmente el gobierno recuperó el control de la situación con el apoyo de la mayoría del pueblo. El Estado venezolano también ha conseguido el control de un importante campo de petróleo, la falla del Orinoco. En Venezuela, el Estado produce dos tercios del petróleo, y un tercio lo producen las grandes compañías petroleras. Pero actualmente el petróleo se explota en el marco de nuevos contratos negociados en los que el Estado recauda más rentas que antes. Hay que añadir otras nacionalizaciones: la producción y distribución eléctrica, las telecomunicaciones (CANTV), la siderurgia (SIDOR, que cuenta con 15.000 trabajadores), el sector del cemento y algunas empresas de producción alimentaria (Cargill). Sin olvidar la reforma agraria, dirigida a entregar la tierra a quienes la trabajan.

Bolivia nacionalizó el petróleo y la producción de gas en 2006. Evo Morales envió al ejército para controlar los campos petroleros, pero las multinacionales siguen estando activas ya que son ellas las que extraen el petróleo y el gas. Claramente, el Estado es el propietario de las riquezas naturales, pero son las grandes multinacionales quienes explotan el petróleo y el gas. De ahí la importancia estratégica de los acuerdos entre Venezuela y Bolivia, que permitirán a Bolivia reforzar una compañía petrolera pública para extraer y refinar el petróleo y el gas. Bolivia no tiene refinería; las que tiene Ecuador son insuficientes. Bolivia y Ecuador exportan petróleo e importan combustible y otros productos refinados. De ahí, también en esto, la importancia de acuerdos estratégicos entre Venezuela, Ecuador y Bolivia para reforzar la autonomía de los dos últimos.

Lo que Venezuela, Bolivia y Ecuador tienen en común con la segunda categoría de países (Brasil, Uruguay, Chile, Argentina), es una política determinada de programas de asistencia pública. No se trata de rechazar pura y simplemente estas medidas, pero es totalmente necesario promover la creación de puestos de trabajo, subir fuertemente los salarios y garantizar más derechos sociales y económicos para los asalariados, campesinos, artesanos, comerciantes, pensionistas y otros subsidiados sociales. Venezuela y Bolivia han avanzado en esta dirección pero todavía queda mucho que hacer.

Ecuador: ¿estarán a la altura de las expectativas suscitadas por la auditoría?

Ecuador emprendió una importante iniciativa relacionada con la deuda pública. Rafael Correa creó, en julio de 2007, la Comisión de auditoría integral de la deuda pública interna y externa (CAIC). Era una comisión compuesta por doce miembros de los movimientos sociales y ONG de Ecuador, seis miembros de campañas internacionales para la anulación de la deuda del Tercer Mundo (formé parte de la Comisión como representante del CADTM) y cuatro representantes del Estado (el ministerio de Hacienda, el Tribunal de Cuentas, la Comisión anticorrupción y la fiscalía general). Lo que es interesante, es que aquí no se habla de representantes de la sociedad civil (que incluye a las asociaciones patronales, por ejemplo), sino de delegados de los movimientos sociales como el movimiento indígena (CONAIE) y otros movimientos sociales radicales de Ecuador. Esta Comisión que se reunió por primera vez los días 23 y 24 de julio de 2007 presentó su informe final al presidente Rafael Correa el 23 de septiembre de 2008 y al público el 20 de noviembre 2008. Las recomendaciones que yo apoyaba dentro de la comisión no fueron seguidas por el Gobierno 3 . Mi posición era abogar por un acto soberano de declaración de nulidad de las deudas identificadas como nulas. Un acto soberano existe en el derecho internacional y no pasa por una negociación, sino por un acto unilateral. También yo proponía combinar eso con enjuiciar en el país a los responsables, extranjeros o nacionales, del endeudamiento fraudulento, ilegítimo.

Ecuador representa, por lo tanto, un ejemplo de un gobierno que adopta la decisión soberana de investigar el proceso de endeudamiento con el fin de identificar las deudas ilegítimas y el objetivo anunciado del no pago de dichas deudas. La elección de Rafael Correa a la presidencia modificó la correlación de fuerzas e hizo converger sobre este país la atención tanto de los gobiernos de los países ricos, como de las instituciones multilaterales, los mercados financieros, los gobiernos latinoamericanos y los movimientos altermundialistas . Todos acechan y se preguntan, unos con esperanza y otros con temor, qué medidas adoptará el gobierno de Correa en materia de endeudamiento: ¿estarán a la altura de las expectativas suscitadas por la auditoría? Nada está garantizado de antemano, Rafael Correa y su gobierno pueden dudar, como tantos otros gobiernos, y no ser lo suficientemente audaces. Un elemento decisivo será la capacidad que tenga la población de transformarse en agente directo del cambio.

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Ejercicios navales conjuntos: Washington y la recomposición de su hegemonía

Editorial de La Jornada

 

 

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Más de 350 elementos de la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar) iniciaron ayer, en la base naval de Mayport, Florida, maniobras conjuntas con efectivos estadunidenses, en el marco del ejercicio naval internacional Unitas Gold-09, en el que también participan destacamentos castrenses de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, República Dominicana y Uruguay. De tal forma, durante los próximos 15 días, los integrantes de la Semar llevarán a cabo, entre otras actividades, pruebas de fuego real, ejercicios de guerra submarina, electrónica y de características especiales, acciones de defensa aérea, y simulacros de incendios y de rescate de embarcaciones.

 

 

 

 

 

 

La participación de marinos mexicanos en los ejercicios navales conjuntos con Estados Unidos es preocupante e indebida por varias razones. Por principio de cuentas, establece similitudes y destaca relaciones inexistentes entre los problemas de seguridad pública que actualmente padece nuestro país y lo que las autoridades de la nación vecina perciben como amenazas a su seguridad nacional.

 

 

 

Las doctrinas militares de ambas naciones obedecen a circunstancias, objetivos y principios distintos y hasta contrapuestos. La naturaleza tradicional y predominantemente agresiva e imperialista del aparato militar estadunidense –características que han llevado a ese país a convertirse en violador sistemático de las soberanías nacionales y a crear engendros como las «guerras preventivas»–es incompatible con el espíritu de defensa de la integridad tradicional y de la soberanía en que se fundamenta la acción de las fuerzas armadas de nuestro país, así como con los principios de resolución pacífica de los principios, no intervención y autodeterminación de los pueblos que han caracterizado a la política exterior mexicana. Adicionalmente, la incorporación de la marina mexicana al Unitas Gold-09 encierra un contrasentido histórico, habida cuenta de que la principal amenaza para el país a lo largo de su vida independiente han sido, precisamente, los afanes expansionistas e intervencionistas de Washington.

 

 

 

Durante los últimos años Estados Unidos ha tenido al terrorismo como tema casi único en materia de seguridad y, en esa lógica, ha pretendido imponer al resto de los países un discurso y una agenda de combate común a ese flagelo. A pesar de los manifiestos cambios que han tenido lugar en la política exterior de ese país tras el arribo de Barack Obama a la Casa Blanca, es claro que, así sea de manera inercial, Washington sigue persiguiendo una recomposición de su hegemonía mundial, y ello se expresa en este tipo de maniobras, las cuales no son un mero instrumento de transmisión de conocimientos y experiencia militares, sino también expresión de una ideología imperial por completo ajena a la esencia de nuestro país y a los principios que han orientado, por décadas, al Estado mexicano ante el concierto internacional. El envío de efectivos nacionales a esos juegos de guerra reviste una inocultable carga simbólica que podría desembocar en una indeseable inserción de México en una lógica y un conflicto a los que ha sido tradicionalmente ajeno.

 

 

 

Otro aspecto criticable de la integración de México a las maniobras navales que se comentan es que con ello se evidencia, una vez más, la propensión del actual gobierno por hacer frente a los problemas de seguridad pública –el narcotráfico en particular– con operaciones militares antes que con acciones de inteligencia policial y de combate a la corrupción. De manera significativa, mientras en naciones como la nuestra se producen cruentas «guerras contra el narcotráfico» avaladas e impulsadas desde Estados Unidos, las autoridades de Washington nunca han recurrido al despliegue de efectivos militares en su territorio como medida para combatir el trasiego de estupefacientes.

 

 

 

Ante estas consideraciones, queda en entredicho la utilidad y la pertinencia de la participación de México en las labores navales conjuntas que a partir de ayer se realizan en las costas estadunidenses. Nota de Visiones, este editorial fue publicado originalmente con el título: Seguridad: definiciones equívocas

 

 

La Jornada

¿Salimos del túnel?

Juan Torres López

Sistema Digital 

 

Está circulando la idea de que la economía de Estados Unidos, y con ella la del resto del mundo, comienza salir de la crisis y que en muy pocos meses los datos de coyuntura cambiarán de registro para anunciar una sólida recuperación económica. Y es natural que la gente se pregunte si se trata más de un deseo que de una realidad contrastada. 

Las razones que se están dando para argumentar esa opinión son variados. Se afirma que los multimillonarios planes de gasto de Obama no pueden tardar en espolear de nuevo al consumo y con él a las ventas y a la rentabilidad empresarial. También argumenta que los bancos comienzan a mostrar más actividad y resultados positivos, lo que definitivamente podría reavivar el crédito. Y, por supuesto, se piensa que con tipos de interés tan extraordinariamente bajos la recuperación no puede tardar en aparecer gracias a las mayores facilidades que representan para el consumo y la inversión.

Otros argumentos son bastantes más forzados. Algunos mantienen que la coyuntura cambiará de signo en este momento porque, si no, la recesión sería tan larga como la que más, algo que no se sabe bien por qué se considera que no pueda ocurrir. O incluso se dice que no llegará a ser tan grave como la Gran Depresión del 29 porque ahora, a diferencia de entonces, no se ha reducido la oferta monetaria sino que se ha estado inyectando liquidez casi sin descanso. Gracias, se dice, a que la Reserva Federal de Estados Unidos está dirigida por un académico que pasa por ser un gran experto en el análisis de aquella crisis.

Algunos datos podrían avalar efectivamente este cambio de tendencia. Los indicadores de ventas de algunos tipos de viviendas en Estados Unidos y la cartera de pedidos en algunas industrias parece que han comenzado a detener su caída, las encuestas de confianza a directivos y consumidores reflejan una cierta mejoría e incluso se podría interpretar que la caída del consumo se hubiera detenido.

¿Es suficiente todo ello para pensar que salimos de la oscuridad del túnel? Yo comprendo que un elemento esencial para salir de esta crisis es devolver la confianza a consumidores y empresarios   y que decir que se está acabando puede contribuir a ello. Pero eso es una cosa y otra es confundir el deseo con la realidad, incluso cuando también hay que evitar el resaltar siempre y sobre todo los aspectos negativos de la situación.

Es verdad que los planes de gasto que han puesto en marcha las administraciones, y especialmente en Estados Unidos, han evitado que se produzca un colapso generalizado de la actividad económica, aunque en algunas industrias y sectores en realidad se haya estado y se esté muy, muy cerca de ello. Y lógicamente, eso ha repercutido en la mejoría relativa que se contempla en algunos indicadores. Otra cosa es que sea seguro que eso sea suficiente y sostenible en los próximos meses. Cuando ahora se analizan en la distancia otros episodios recesivos se contemplan siempre en su desarrollo momentos de alzas momentáneas como pueden ser los que ahora estemos coyunturalmente viviendo dentro de un proceso inacabado de empeoramiento. No bastaría, pues, con una simple mejora sino que sería preciso que esta se sostuviera y se hiciera mucho más patente y generalizada en todos los sectores económicos.

El que fue Secretario de Trabajo con Clinton Robert Reich, comentaba hace poco que es posible que en Estados Unidos los consumidores estén disponiendo de algo más de liquidez gracias a los planes de Obama o incluso de los bajos tipos de interés, pero que eso no garantizaba mucho porque lo más probable es que las familias estén más preocupados que otra cosa por la evolución tan negativa del empleo y, por tanto, que el estímulo no se traduzca tan rápida o efectivamente como se está deseando en el la marcha general de la economía.

De hecho, me parece que al mismo tiempo es bastante evidente todo ese gasto no ha sido capaz hasta el momento de reactivar la vida económica suficientemente como indica, sobre todo, el constante aumento del paro y el aumento en el ahorro familiar.

Por otro lado, la teoría económica más elemental podría justificar la idea de que los tipos de interés tan bajos como los actuales necesariamente han de dinamizar el consumo y la inversión pero es que las cosas no funcionan como a veces se diseña en los manuales o en las cabezas de los dirigentes políticos. La realidad es que los tipos que están bajos son los oficiales pero en la práctica, cuando los empresarios o los consumidores van a las sucursales bancarias, lo que se encuentran son ofertas de crédito por las nubes: en España, los bancos estaban cobrando en enero una media del 11,58% en los préstamos al consumo y las cajas del 13,18%.

Lo que puede estar ocurriendo seguramente es que los bancos están salvando, aunque a esos precios muy altos, a sus clientes preferenciales y eso de alguna manera reactiva la situación pero no es realista pensar que esa sea una manera de dar oxígeno que a medio plazo resuelva la situación. Solo las empresas y consumidores más potentes pueden seguir funcionando con esos costes financieros y, en general, con el racionamiento del crédito todavía existente.

Por otro lado, la mejora en los balances bancarios que se interpreta como el origen de un definitivo incremento de la financiación que se necesita no es del todo real.

Se trata de beneficios forzados y probablemente momentáneos. Son expresión de esos márgenes que proporcionan los diferenciales de tipos entre el capital que reciben y el que prestan, ahora en niveles extraordinarios, de la masiva entrada de capital público y de los arreglos contables de los balances.

Después de haber hablado tanto de la necesaria independencia de los bancos centrales, ahora la Reserva Federal se está convirtiendo en la práctica en un instrumento fiscal más en manos de la política gubernamental y eso está permitiendo que los bancos aumenten su disponibilidad de capital pero de ninguna manera eso se está traduciendo en el incremento efectivo de la financiación. Entre otras razones, porque por muy elevada que está siendo es insuficiente si se tiene en cuenta que se estima que las pérdidas bancarias que habría que compensar solo en Estados Unidos tendrían un valor entre 1,3 y 1,5 billones de dólares.

Por otro lado, lo que está ocurriendo es que se están eliminando principios contables como el llamado «market-to-market» que obligaba a reflejar el valor de mercado actual de los activos y pasivos y gracias a lo cual los bancos pueden estar difiriendo o sencillamente ocultando su situación patrimonial.

Dentro de unos días se conocerá el «examen» que están pasando los bancos estadounidenses, ya después del maquillaje, y será el momento de saber hasta qué punto el stress que sufren es grave o no, aunque hasta el momento, y salvando el maquillaje contable, nada hace pensar que haya podido desaparecer la situación de insolvencia generalizada que paraliza la financiación de la actividad económica y que provoca la crisis.

Por otro lado, si fuera verdad que la economía estadounidense está cambiando de tónica, habría que tener en cuenta que ahora es cuando la crisis está afectando a nuevos países, como en América Latina y Europa del este, de modo que para que la economía mundial retomara la marcha no sería suficiente con un cierto despegue norteamericano sino que haría falta un impulso mucho más decidido, efectivo y dinámico.

En definitiva, yo creo que se puede afirmar que sí es cierto que se ha evitado el colapso pero que siguen latentes los problemas estructurales que dieron lugar a la crisis. No se ha avanzado prácticamente en nada en relación con la regulación financiera, la capitalización de los bancos se ha realizado a costa de una carga fiscal para los ciudadanos impresionante y si salvar definitivamente la insolvencia bancaria de partida y los diablos de la especulación y la continua generación de burbujas no han desaparecido del horizonte por muy disimulados que estén. Y para colmo, sabemos los peligros que conlleva tratar de buscar la reactivación a través de dinero muy barato cuando no se pone coto a los movimientos especulativos del capital.             Si no se toman medidas más contundentes, y no solo en Estados Unidos, hablar de recuperación será una simple engañifa que se verá desmentida más pronto que tarde por nuevos episodios de inestabilidad y por un incremento continuado del paro y de las quiebras empresariales.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla). http://www.juantorreslopez.com