Sexagésimo aniversario de la OTAN

¿Otra guerra fría contra los condenados de la tierra?

 

Chems Eddine Chitour

 

oulala.net

 

 

Traducido para Rebelión por Caty R.

 

 

 

«La Europa supranacional es la Europa bajo el mando de Estados Unidos. Alemania, Italia, Bélgica, los Países Bajos, están dominados por los estadounidenses. Los ingleses también, aunque de otra forma. Entonces, sólo queda Francia sin dominar. Para someterla también, se empeñan en introducirla en un artefacto supranacional a las órdenes de Washington. Entonces se enojan, lo manifiestan a todas horas y ponen a Francia en cuarentena (…)» (General de Gaulle).

 

10 de marzo de 1966: Francia se retira de la OTAN. A de Gaulle no le «invitaron» a Yalta para el «reparto del mundo» entre Estados Unidos, la Unión Soviética e Inglaterra. En 1966 se trataba de preservar la autonomía de un programa nuclear naciente, al que por entonces Estos Unidos criticaba y se oponía. El 17 de marzo de 2009, En la Asamblea Nacional francesa, el Primer Ministro François Fillon declaró:

«La OTAN era un símbolo ideológico y militar de la guerra fría, actualmente no es más que una estructura entre otras. Nuestro regreso en 2009 es un ajuste que no suscita ningún entusiasmo en el concierto de las naciones. Podemos continuar siendo amigos de los estadounidenses sin subordinarnos a ellos, nuestra nación no recibe órdenes de nadie (…)».

 

Según el diputado Laurent Fabius:

«El general de Gaulle se opuso a la bipolaridad mundial y reclamaba un mundo multipolar. Ahora que ese mundo multipolar está a la vista, usted se engancha a la lógica de los bloques».

 

Hubert Védrine añadía:

«De Gaulle tomó esa decisión después de ocho años de demandas infructuosas a los estadounidenses para que se escuchase a los aliados europeos en la Alianza y para no avalar la nueva y peligrosa estrategia nuclear de la “respuesta gradual”. Después todos sus sucesores, tanto de derecha como de izquierda, han respetado esa decisión estratégica convertida en la piedra de toque de la política extranjera y de la defensa de Francia. Entonces ¿Por qué esta ruptura? (…) Los inconvenientes políticos son obvios: enviar al mundo una señal de realineación de Francia, que se interpretará políticamente así, con el desprestigio y los riesgos que conlleva» (1)

Breve repaso de la historia de la Organización, punta de lanza del imperialismo estadounidense en el continente europeo: El 4 de abril de 1949, EEUU, Canadá y otros 10 Estados de Europa occidental firmaron el Tratado de Washington para crear la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte. El artículo 5 del Tratado estipula que «Las partes están de acuerdo en que un ataque armado contra uno o varios de ellos, en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque contra todos». 19 de noviembre de 1990: fin de la guerra fría; la OTAN y el Pacto de Varsovia hacen una declaración pública conjunta de no agresión. 8 meses después, la Organización del Tratado de Varsovia se disuelve oficialmente; el 24 de marzo de 1999, la OTAN lanza su mayor ataque militar en apoyo del acuerdo de paz de Bosnia (2). Se podía pensar que con el fin de la guerra fría habría un desmantelamiento de la OTAN como el del Pacto de Varsovia. Nada de eso. Como dijo el primer secretario general de la organización transatlántica, Lord Ismay, la OTAN es «Estadounidenses dentro, soviéticos fuera y alemanes debajo» Pero aunque los soviéticos están «fuera» desde 1989 y ya no hay razón para mantener a Alemania «debajo», los estadounidenses están siempre, sin lugar a dudas, «dentro». En realidad, después del fin de la guerra fría, la OTAN se tambaleaba, su futuro y su estrategia eran inciertos ya que la OTAN había cambiado de naturaleza e incluso de de enemigo, que ya no es Rusia, sino el «eje del mal» representado principalmente por las naciones musulmanas (Iraq, Irán, Libia). Ron Paul, candidato a la investidura presidencial de 2008 explicaba:

«La OTAN es una organización cuyo objetivo acabó con la disolución del Pacto de Varsovia, su adversario. Cuando la OTAN se estaba activando para redefinir su futuro tras la guerra fría, terminó atacando a un Estado soberano, Yugoslavia, que no había invadido ni amenazado a ningún Estado de la Alianza. La expansión de la OTAN únicamente beneficia al complejo industrial militar de EEUU, que se va a aprovechar del incremento de las ventas de armas a los nuevos miembros de la OTAN (…) La OTAN debería desmantelarse, no ampliarse» (3).

 

Se trata, concretamente, de la expedición punitiva de la OTAN en Yugoslavia, para el Primer Ministro serbio Mirko Cvetkovic «Los bombardeos de la OTAN, lanzados hace diez años son contrarios al derecho internacional y se perpetraron sin una decisión de la ONU». En definitiva, nos quedamos como estábamos. En un artículo al respecto en Le Monde diplomatique, Serge Halimi se pregunta: «A quoi sert l’OTAN?» (¿A quién sirve la OTAN?), y explica:

«Nicolas Sarkozy quiere que su presidencia marque la ruptura con un “modelo social francés” ¿Habrá resuelto terminar con alguna otra tradición francesa, como la de la independencia nacional? (…) ¿Se trata de cumplir con los industriales del armamento, amigos de Sarkozy, que cuentan con que la vuelta de Francia al redil les permitirá vender más equipamiento militar? Es más probable que el Elíseo espere sacar partido de la simpatía que inspira el nuevo presidente de Estados Unidos para librarse de una imperdonable excepción francesa. La misma que, durante la guerra de Iraq, vio a París enfrentarse contra todos los “Doctores Strangelove” del “choque de civilizaciones”, para gran disgusto de muchos de los partidarios actuales de Sarkozy –entre ellos Bernard Kouchner, su ministro de Asuntos Exteriores-. Invocando la transformación del planeta tierra en un “mundo sin fronteras”, una pequeña mayoría de los diputados europeos (293 votos contra 283) acaban de reclamar, el 19 de febrero, que en “los ámbitos como el terrorismo internacional (…), el crimen organizado, las «ciberamenazas», la degradación del medio ambiente, las catástrofes naturales y otros”, se establece una “asociación todavía más estrecha entre la Unión Europea y la OTAN”. Por medio de una elegante metáfora, la exposición de los motivos precisa que “sin dimensión militar, la Unión sólo es un perro que ladra pero no muerde”. Decididos a no escatimar ninguna triquiñuela, los diputados atlantistas apoyan su propósito apelando al recuerdo de las “horas sombrías de nuestra historia”, de Hitler, de Munich, sin olvidarse de citar a “Elie Wiesel, superviviente del Holocausto”: ¿No querríamos que alguien viniera en nuestro auxilio cuando lloramos?, claman. Sin embargo, enjugar las lágrimas de los civiles nunca ha sido la especialidad de los oficiales estadounidenses. Ni durante la guerra de Kosovo ni en la de Iraq, lanzadas en violación de la Carta de las Naciones Unidas (…)» (4).

 

El economista Jean Mardouk se plantea la misma cuestión y explica la posición de Rusia en el conflicto de Georgia:

«¿A quién sirve la OTAN? La organización tenía como objetivo unir a los países capitalistas de Europa occidental y Estados Unidos para defenderse contra un hipotético ataque soviético. ¿A quién sirve desde el momento en que la URSS desapareció y Rusia se quedó muy débil y no constituía ninguna amenaza para nadie? ¡Para nadie! (…) ¿Cómo quieren que perciba Putin la precipitación de los nuevos miembros de la Unión para adherirse a la OTAN? (…) ¿Y cómo podría aceptar ver a su Rusia escarnecida por las peticiones de adhesión a la OTAN de ex miembros de la Unión Soviética como Georgia, precisamente, y Ucrania? Los grandes dirigentes habrían llevado al mismo tiempo una política pro europea y una política muy prudente frente a un gran vecino que lanza señales inequívocas de que volverá a ser poderoso, pero no por ello agresivo. ¡Salvo que le provoquen! Imaginemos cómo sería la situación si en la actualidad Georgia fuese un miembro de la OTAN, que tiene el objetivo de garantizar la “seguridad” de sus miembros» (5).

 

El conflicto entre Rusia y la Alianza Atlántica está actualmente en el centro de las tensiones mundiales. La tendencia rusa a impedir la expansión de Occidente en el este de Europa ha originado una evidente contraofensiva del ejército ruso en Georgia, donde todavía no se han medido todas las consecuencias. Además de Rusia y la OTAN, la tercera pieza del caleidoscopio internacional actual es el fundamentalismo islámico, que se expresa bien por medio de redes terroristas o bien a través de estructuras estatales. De la evolución de las relaciones entre estos tres protagonistas de la dinámica internacional –la OTAN en la vanguardia de la globalización democrática- depende la estructuración del poder a escala mundial en los próximos años (6) Mejor todavía, siete países de la ex URSS (Armenia, Bielorrusia, Kazakstan, Kirghizistan, Rusia, Radjikistan y Ouzbekistan) agrupados en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) han decidido «reforzar su componente militar» a raíz de una cumbre en Moscú el 5 de septiembre. La OTSC dispone de una fuerza de reacción rápida de 4.000 personas repartidas en 10 batallones y de una base aérea en Kant, Kirghizistan. Desde ahora, la OTSC tendrá su cuartel general en Moscú, pero «con un estatuto extraterritorial a la manera del cuartel general de la OTAN en Bruselas». En la declaración, los miembros de la OTSC «conminan a los países de la OTAN a medir todas las consecuencias de la ampliación de la Alianza Atlántica hacia el este y del despliegue de su escudo antimisiles en las fronteras de los Estados miembros». Moscú se prepara para transformar la OTSC en un bloque militar a semejanza del Pacto de Varsovia de la época de la guerra fría (7). En realidad, después del fin de la guerra fría, la antigua OTAN se pondría al servicio de una nueva ideología para gobernar el mundo. El «Proyecto para un nuevo siglo estadounidense (PNAC), que forma parte de un proyecto más amplio denominado «New Citizenship Project» (Proyecto para una nueva ciudadanía), cuyos planes son los siguientes: la dominación del mundo por Estados Unidos, que beneficiaría al mismo tiempo a EEUU y al resto del mundo. Esta dominación requiere la utilización de la fuerza militar, un sistema de influencia diplomática y un compromiso con los principios morales. Corresponde a los dirigentes de Estados Unidos, desde el punto de vista de la legitimidad y la responsabilidad, la dirección de dicha dominación global. Estados Unidos debe utilizar su superioridad con el fin de obtener una autoridad absoluta por cualquier medio que sea necesario. Entre las propuestas, podemos citar el abandono de las negociaciones sobre limitación de armamento estratégico; el uso de la fuerza militar, si fracasase la diplomacia, contra cualquier país que se oponga a los intereses y/o los objetivos de Estados Unidos; y la instalación de bases militares estadounidenses por todo el planeta para crear una «Global Constabulary» (policía mundial) que imponga la voluntad de Estados Unidos (8). Nada indica que la administración Obama haya abandonado el PNAC. Sin embargo, según el diplomático de Singapur Kishore Mahbubani, pequeños acontecimientos anuncian un gran cambio. El fiasco de Georgia bien podría ser uno de ellos.

«(…) Este asunto señala un giro mucho más importante: el de la Historia (…) La era post guerra fría empezó sobre una base de triunfalismo occidental simbolizado por el libro de Francis Fukuyama El fin de la Historia y el último hombre. El audaz título refleja el espíritu de la época en Occidente. La Historia ha terminado con el triunfo de la civilización occidental: el resto del mundo no tiene otra elección que capitular ante su avance. En Georgia, Rusia ha proclamado alto y claro que no capitulará frente a Occidente. Tras veinte años de humillación, los rusos han decidido enseñar los dientes. Y pronto otros harán lo mismo. Gracias a su potencia aplastante, Occidente se ha entrometido en el espacio geopolítico de países adormecidos que actualmente están emergiendo, especialmente asiáticos (…) De la misma forma, todos los comentaristas musulmanes también señalan que Estados Unido ha invadido ilegalmente Iraq (…) Ni China ni la India están dispuestas a protestar contra Rusia (…)

«En realidad, la mayoría de los países apoya a Rusia contra el acoso de Occidente: el abismo entre la posición occidental y la del resto del mundo no puede ser más profundo (…) Por lo tanto, es crucial que los occidentales saquen buenas enseñanzas de Georgia. Tras el hundimiento de la URSS, los pensadores occidentales suponían que Occidente nunca tendría que hacer concesiones políticas, que podría imponer sus condiciones. (…) En la actualidad, Occidente debe rendirse a la evidencia: la población total de Estados Unidos, la Unión Europea y “Australasia” (Australia y Nueva Zelanda) es de 700 millones de personas, es decir, alrededor del 10% de la población mundial. El 90% restante está pasando del estatuto de objeto al de sujeto de la historia mundial. (…) La auténtica cuestión estratégica es dilucidar si el reto principal proviene del mundo musulmán o de China. Desde el 11 de septiembre de 2001, Occidente ha actuado como si fuera el mundo musulmán. Pero en vez de diseñar una estrategia a largo plazo para ganar la confianza de 1.200 millones de musulmanes, Occidente, sin reflexionar, ha arremetido contra el mundo musulmán. De ahí los fracasos anunciados en Afganistán e Iraq y la creciente hostilidad del mundo musulmán. (…)» (9).

Mahbuani concluye:

«Los pensadores occidentales deben decidir cuál es el verdadero problema a largo plazo. Si es el mundo musulmán, Estados Unidos debe dejar de inmiscuirse en la esfera geopolítica rusa y establecer un diálogo permanente con China. Si es China, EEUU debe adherir a su causa a Rusia y al mundo musulmán y resolver la cuestión palestina-israelí, lo que permitirá a los gobiernos de los países musulmanes colaborar más estrechamente con los occidentales en la lucha contra Al Qaeda. (…) Pero la ausencia de una estrategia mundial coherente a largo plazo y la incapacidad de asumir los compromisos geopolíticos son los principales obstáculos para llegar a un orden mundial estable» (9).

Llega a la conclusión, en definitiva, de que la existencia de la OTAN, en muchos aspectos, constituye un peligro para la paz mundial si su permanencia tiene el objetivo de proseguir su «misión» en nombre del mundo libre. Entonces, la OTAN seguirá «normalizando» a los recalcitrantes en beneficio del Tío Sam «Bussines as usual» (los negocios de costumbre). Así va el mundo; Estados Unidos se ocupa de cocinar y Europa está ahí para hacer la limpieza y el servicio de intendencia. Así, se entiende la reacción de Rusia, a quien se enterró demasiado deprisa, y que con el «episodio-prueba de Georgia» ha demostrado a Europa que su potencial permanece intacto. Después quedan los condenados de la tierra a quienes sus pasados coloniales dejaron exhaustos y no consiguen salir del atolladero ya que son los guardianes, para su desgracia, de codiciados recursos mineros y petroleros. Las diversas misiones instaladas allí tienen el papel de reprimir los movimientos y mantener sometidos a los pueblos revoltosos.

Notas:

(1) Hubert Védrine, «Pourquoi il faut s’opposer à une France atlantiste?» Le Monde, 5 de marzo de 2009.

(2) C. E. Chitour, «L’empire américain se met en place», L’Expresion, 10 de abril de 2008.

(3) Ron Paul, Intervención en el Congreso. Antiwar.com, 1 de abril de 2008.

(4) Serge Halimi «A quoi sert l’OTAN?», Le Monde diplomatique, Marzo de 2009.

(5) Rue89

(6) Serban Papacostea, «Quand l’OTAN supplante l’ONU», Courrier International, 4 de septiembre de 2008.

(7) «Moscou devient le QG d’un bloc militaire anti-OTAN», Komersant, 8 de septiembre de 2008.

(8) Reopen911

(9) Kishore Mahbubani, «Pour l’Occident la Géorgie est une leçcon», Courrier International, 28 de agosto de 2008.

Chems Eddine Chitour es profesor de la Escuela Politécnica Superior de Argel.

Texto original en francés: http://www.oulala.net/Portail/spip.php?article3998

 

Bolivia y el mar

Gabriela Gurvich

Prensa web Yvke

 Lectura recomendada: Cómo perdió Bolivia su salida al mar

A 125 años de la firma del Pacto de Tregua que despojó a Bolivia de su territorio costero. Un pequeño artículo recordando los hechos, sus consecuencias y sus posibles soluciones en la actualidad. La larga lucha de un pueblo, por recuperar su legítima salida al mar.

En 1883 finaliza la llamada Guerra del Pacífico. Esta guerra iniciada 5 años antes, enfrentó a Chile con Perú y Bolivia. La contienda finalizó con el triunfo del ejército chileno sobre la coalición. El resultado: Bolivia acabó aislada y en condición mediterránea al perder su acceso a los puertos del Pacífico. Perú, perdió las ciudades de Arica e Iquique.Mapa antes de la guerra

El 4 de Abril de 1884 se firma el Pacto de tregua entre Bolivia y Chile. El Pacto declaraba suspendidas las hostilidades y sujetaba al “régimen político y administrativo que establece la ley chilena, los territorios comprendidos desde el paralelo 23 hasta la desembocadura del río Loa en el Pacífico”. O sea, quedaba decretada la pérdida de acceso al mar de Bolivia.

Es bueno recordar que antes de la llegada del “viejo continente” al territorio que ahora se llama América, las naciones-estados, tal cual las conocemos ahora, no existían. Fue el imperio quien en su invasión nos dividió haciendo honor al proverbio “divide y reinarás”.

“Mucho antes de la fundación de la República de Bolivia, el Alto Perú, como se lo conocía durante la colonización Española, ya contaba con un amplio acceso al Océano Pacífico. Y para que no se diga que Bolivia nunca tuvo mar, el Libertador Simón Bolívar estableció a Cobija como puerto mayor de las provincias altoperuanas, baste otear el mapa cartográfico de entonces para poder evidenciar lo aseverado”, nos relata el periodista boliviano Marco Aurelio Guzmán.

Entonces el territorio que sería parte de la República de Bolivia contaba con su salida al mar.

El 14 de febrero de 1879, con la ocupación militar de Antofagasta por parte de las tropas chilenas, comienza la guerra. Con la agresión bélica Chile buscaba apoderarse de los ricos campos de nitrato del desierto de Atacama, que por aquel entonces era territorio de Bolivia y Perú. Lo lograron.

Eduardo Galeano cuenta que según la historia Chile ganó la guerra largamente planeada; pero que la historia real comprueba que el gran beneficiado fue el empresario británico John Thomas Noth, quien sin disparar un tiro ni gastar un centavo se apoderó de los territorios que habían sido de Bolivia y de Perú. Quedándose así son grandes cantidades de salitre, que era por entonces el fertilizante imprescindible para alimentar las cansadas tierras de Europa. 

Entonces, como dice el periodista José A. Buergo Rodríguez, esta fue la “guerra que nunca debió ocurrir entre países vecinos y hermanos, pues nacieron en la América de Bolívar y O´Higgins, alcanzando su independencia con incontables sacrificios de vidas de sus mejores hijos en luchas contra la metrópolis española”

Las ambiciones europeas volvían a dividir lo que debía estar unido en hermandad; por una misma historia de lucha, liberación y por la compartida sangre derramada de sus pueblos.

El intento de Allende

Desde aquella época el pueblo boliviano ha reclamado la devolución de su salida al mar. Ni siquiera se trata de volver a recuperar los territorios perdidos, sino del legítimo derecho de contar con una salida al mar, la cual se hace imprescindible para desarrollar económicamente a un país tan pobre como Bolivia.

El ex presidente chileno Salvador Allende supo reconocer el derecho del país andino, “Bolivia retornaría soberana a las costas del mar Pacífico” (…) “los escritores y todos los hombres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones subjetivas en el pueblo para llegar al feliz entendimiento. Ahora no somos gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo. No nos guían intereses de clase dominante. No les pedimos nada, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima el pueblo boliviano”, fueron las palabras que Allende le transmitió a Néstor Taboada en una visita al entonces presidente de Chile.

La integridad de Allende posibilitaba esto; pero su corto mandato, asediado por la reacción y la oligarquía interna, no le dio tiempo, ni apoyo de su propio gobierno para introducirse en negociaciones de tan trascendente repercusión geopolítica.

Un pueblo que no deja de luchar por su mar

Sin embargo, luego de muchos años, este anhelo cobra una dimensión mayor al momento de la asunción de Evo Morales como presidente de Bolivia. El significado que adquiere el primer presidente indígena en un país habitado en su mayor parte por pueblo originario, un presidente que levanta las banderas de la reivindicación y defensa de la patria, que lucha por la soberanía y se desliga del imperialismo.

Entonces se hace urgente y latente el reclamo histórico tan postergado. Evo Morales ha declarado que “el tema del mar es una deuda histórica de larga data que se debe saldar tarde o temprano y que se debe resolver mediante el diálogo y la diplomacia tal como se han resuelto otros diferendos limítrofes”

Y ha explicado la necesidad que Bolivia y su pueblo tienen al respecto argumentando que “en primer lugar el acceso al mar nos resuelve el comercio trasatlántico, en segundo lugar ayudaría a establecer una relación comercial en el área energética con Chile, lo mismo con Perú. Sin embargo lo fundamental es el aumento en el tema del comercio en general y el regional y aunque no es una solución para Bolivia sí aliviaría aspectos relativos al intercambio e integración comercial, entre otras cosas. (…) A nosotros no nos anima ningún sentido revanchista ni de recuperación de territorios perdidos con nuestros vecinos, si así fuese tendríamos que reclamar a Brasil y a Paraguay por territorios que en el pasado fueron usurpados. El mar tiene un sentido distinto no es una cuestión de soberanía sobre esos vastos territorios que hoy ya no nos pertenecen, sino que sostenemos que no es posible que Bolivia haya sido amputado del mar. He revisado la realidad geográfica de otros países y nosotros somos los únicos al que se le ha despojado su mar y eso hay que repararlo, nadie va a perder nada si Bolivia recupera su mar, al contrario, ganará igualmente el pueblo de Bolivia y el de Chile.”

Así se entiende, por boca del propio Evo, que no se trata de un capricho o una revancha por recuperar el terreno, sino de un legítimo reclamo de que esa nación cuente con una salida al mar.

La solución al conflicto tiene algunas posibles salidas: un corredor, la mitad territorio peruano y la otra mitad de territorio ahora chileno y que pertenecía a Bolivia. La otra alternativa de solución para el retorno al mar con soberanía radica en el Corredor de Arica que se propuso entre 1975 y 1978.

El reclamo de Bolivia se ha hecho eco en muchos países. Especialmente de los hermanos Cuba y Venezuela.

En la reciente visita de la presidenta chilena, Michelle Bachelet a Cuba, Fidel Castro ha reiterado su total apoyo a que Bolivia recupere su salida al mar. En 2003, ante los dichos del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien reclamó y apoyó el pedido histórico de Bolivia, la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba se sumó y declaró: “El presidente Chávez, con la autoridad moral de encabezar la Revolución Bolivariana que encarna los ideales del Libertador Simón Bolívar, creador de la República de Bolivia, y que tanto luchó por una América Latina libre, independiente y unida, ha reclamado solidaridad con esta noble causa. En su reciente visita a Venezuela, nuestro presidente Fidel Castro les dio el firme respaldo del pueblo de Cuba”.

Nuevamente la polémica se desató hace pocos días cuando el presidente de Perú, Alan García, afirmó que Bolivia “hace rato renunció” a recuperar su acceso al océano Pacífico.

Este infeliz dicho provocó la reacción de Evo quién expresó que su país jamás renunciará a recuperar una salida al mar, y abrió la posibilidad de recurrir a la comunidad internacional para que su país recupere la vía al Pacífico.

Con estas declaraciones no queda lugar a dudas de que Bolivia y su pueblo continuarán bregando por lo que les corresponde.

La nueva geografía política de Latinoamérica, que finalmente se está levantando y pisando firme, debe construir una solución ante todo, humana y revolucionaria, donde no primen las mezquindades sino la firme certeza de que los países de la región deben y pueden luchar juntos por un mundo mejor.

Prensa Web Yvke