Durmiendo con el enemigo o la invasión silenciosa

Stella Calloni

 

 

 

PARTE I

El peligroso transcurrir de la IV Flota de Estados Unidos, reactivada como una señal de guerra preventiva para nuestro continente, no debiera hacer perder de vista la invasión silenciosa de una avanzada de  fundaciones de nombres muy atractivos que aluden a democracia, libertad, transparencia y hasta temas humanitarios y que conforman una verdadera red de telarañas en la región. 

Esa presencia encubierta y en todo caso publicitada falsamente como  “esfuerzos democratizadores”, es un entramado  de dimensiones sorprendentes.

Es importante conocer cómo se han extendido estas fundaciones que responden a los sectores más duros y fundamentalistas de Washington,  actuando como verdaderos “caballos de Troya”, financiando centenares de Organizaciones No gubernamentales (ONGs).

Muchas de estas ni siquiera saben quien está detrás de los fondos “de apoyo, cooperación” o de simple y activo financiamiento destinados a medios de comunicación, agrupaciones políticas, entidades en todas las áreas como el campo, la industria y otros.

Es cierto que existen  ONGs que están fuera de ese contexto y responden a otros proyectos con financiamientos genuinos y desinteresados, pero son las menos. 

La lista de las ONGs dependientes de las fundaciones “centrales” como la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID en sus siglas en inglés) o   la National Endowment Foundation (NED), es interminable.

La NED y otras similares  aparecen entre nosotros como organizaciones para “financiar” la democracia. Además están  las europeas, que también responden a las mismas centrales  de Estados Unidos y otras, nacidas en algunos casos al calor de alentadoras propuestas socialdemócratas, que derivaron en instituciones claves para la derecha mundial.

Es importante conocer las conexiones de USAID y Ned, más conocidas como “la cara social de la CIA” desde los años 80 y que en estos momentos están a punto de ser investigadas  por varios congresistas estadunidenses  por su actuación en Bolivia. Se las acusa de  apoyar y financiar el golpismo en los violentos y trágicos sucesos dirigidos por  prefectos, empresarios y políticos derechistras de la Media Luna contra el presidente Evo Morales.

Ambas fundaciones trabajan activamente en Argentina presuntamente  “financiando proyectos y movimientos democráticos” y creando otras  bajo diversos nombres Seguir leyendo «Durmiendo con el enemigo o la invasión silenciosa»

La vocera de Uribe

Sobre Ingrid Betancourt 

 

 

Dax Toscano Segovia

 

 

El 30 de noviembre de 2008, la colombo-francesa Ingrid Betancourt inició una gira por diversos países de América Latina con los propósitos de, según la ex candidata  presidencial,  “agradecer a los presidentes latinoamericanos que participaron de una u otra forma en su liberación” y de “llegar a constituir un gran frente multinacional para facilitar la liberación de los rehenes que aún permanecen en manos de las FARC-EP; así como presionar a ésta organización para que dejen las armas y busquen el camino de la democracia”. Betancourt parece desconocer la historia cuando las FARC-EP, a través de la Unión Patriótica participaron en la vida política colombiana, siendo asesinados más de 5 mil líderes de esa agrupación por el Estado oligárquico-paramilitar, entre ellos muchos guerrilleros.
 
Tras su arribo a los países latinoamericanos, Ingrid Betancourt hizo evidentes los verdaderos objetivos de su viaje.  En Brasil calificó a las FARC-EP como una “organización de terroristas” y dio su respaldo a las acciones militares del gobierno de Uribe contra  la guerrilla. En Bolivia volvió arremeter contra las FARC-EP al calificarlas de “cartel de la droga”.
 
Tras su fuga y la de otros prisioneros en manos de la organización insurgente, entre los que se encontraban tres agentes norteamericanos, posibilitada principalmente por la traición de dos comandantes guerrilleros encargados de la vigilancia, control y seguridad de ese grupo, operación en la que participaron los aparatos de inteligencia colombianos, norteamericanos e israelitas, en la que en forma ilegal se hizo uso de logotipos de la Cruz Roja Internacional, Betancourt lanzó loas al ejército colombiano y procedió a abrazarse con el ministro de Defensa Juan Manuel Santos,  uno de los principales artífices de la política guerrerista del gobierno narco-paramilitar de Uribe y al general Mario Montoya, responsable, directa o indirectamente, de un sinnúmero de crímenes perpetrados por el ejército colombiano y los paramilitares contra civiles acusados de colaborar con la guerrilla.
 
Luego de ese primer episodio conmovedor, donde se demostró que los medios una vez más habían mentido sobre la situación de los prisioneros en manos de las FARC-EP, puesto que la salud de Ingrid Betancourt, luego de un chequeo médico al que se sometió en Francia, demostró estar en perfectas condiciones más allá de la situación penosa y lamentable que significa un encierro, la ex candidata presidencial colombiana se enfrascó en la participación y realización de un sinnúmero de actos para denunciar la situación de los “secuestrados” en manos de las FARC-EP. Para ello ha contado además con el respaldo de artistas como  Alejandro Sanz, investigado por evasión de impuestos, Shakira, Carlos Vives y Juanes, músicos que gozan de aceptación en el mundo de las disqueras internacionales.  Ingrid Betancourt ha recibido, cual heroína, un sinnúmero de reconocimientos en Europa por su “valentía y entereza”.
 
Hasta la presente fecha la ex candidata presidencial solo ha hecho referencia a los prisioneros en manos de las FARC-EP, pero, como es obvio, no ha dicho ni una palabra sobre la situación de los cerca de 7200 presos políticos en manos del Estado colombiano. De igual manera mantiene un mutismo absoluto sobre las amenazas, persecución y los crímenes perpetrados contra campesinos, estudiantes y sindicalistas por parte del Estado terrorista colombiano y sus organizaciones paramilitares.
 
Durante su gira Betancourt prácticamente tampoco ha dicho nada sobre la situación de pobreza real que viven más allá de la mitad de colombianos y colombianas. Mucho menos ha hecho referencia a la concentración desigual de la propiedad de la tierra en el campo colombiano donde 22 millones de hectáreas están en manos de 12 mil terratenientes, mientras tres millones de campesinos pobres apenas poseen dos millones y medio de hectáreas. Nada importa a esta representante de la burguesía colombiana la situación del 60% de hogares rurales colombianos que viven por debajo de la línea de pobreza.
 
La gira de Ingrid Betancourt, a quien bajo propuesta del gobierno de la chilena Michelle Bachelet y del peruano Alán García se la postularía para el premio Nobel de la Paz pese a su defensa abierta y pública de la política militar de Uribe, demuestra que está ejerciendo el papel de vocera de ese régimen narcoparamilitar, cuyo propósito es el de lograr que se dé un espaldarazo a su lucha contra la insurgencia colombiana, así como robustecerlo en la región y el mundo con el pretexto de que está luchando contra el terrorismo de las FARC-EP, causa común, según lo establecido por los maestros de la propaganda estadounidense y colombiana, de todo el mundo. Ingrid Betancourt le ha proporcionado al gobierno colombiano otra eficaz cortina de humo para ocultar los graves problemas de corrupción que lo acechan en todos los niveles, así como su política criminal.
 
Quedan atrás las declaraciones de Betancourt cuando acusaba Uribe de tener vínculos con el paramilitarismo. Hoy, incluso, no se inmuta cuando deja entrever que Uribe debería tener opción a una tercera reelección presidencial.
 
Ingrid Betancourt ha mostrado, una vez más,  su verdadero rostro: la de ser una pieza en el engranaje de la maquinaria del Estado narcoparamilitar colombiano.
 
La categoría gramsciana de hegemonía demuestra aquí su importancia: cuando la clase dominante y sus representantes ven peligrar sus intereses terminan aliándose para luchar contra su enemigo común que, en el caso colombiano, es, fundamentalmente, la insurgencia revolucionaria.
 
Mientras Ingrid Betancourt recibe el respaldo de Uribe, de Sarkozy, de los mandatarios latinoamericanos que ha visitado en la región (los mismos que han enfocado sus dardos únicamente contra las FARC-EP y han dejado de lado la política criminal del régimen narcoparamilitar enquistado en el Palacio de Nariño) y de falsimedia a nivel internacional, se oculta la campaña de persecución desatada por el Estado colombiano contra la senadora Piedad Córdoba quien, en innumerables ocasiones, ha demostrado la voluntad política para llevar a cabo un acuerdo que posibilite la entrega humanitaria de prisioneros. En declaración reciente Uribe dijo:
 
“… las FARC ahora, con el apoyo de una dirigente de la política, nos están tendiendo una nueva celada. El Gobierno está informado de que ahora están tramando una nueva liberación humanitaria. Entonces asesinan y enseguida desorientan tramando una nueva liberación humanitaria. Lo denuncio hoy ante mis compatriotas para que no caigamos en esa trampa.
 
El Gobierno está empeñado, con la Fuerza Pública, en encontrar a los secuestrados. No le vamos a permitir ahora a esa dirigente de la política esa trampa que nos quiere tender con las FARC, aliada del ELN en todas estas acciones terroristas, de lanzarnos la ilusión de unas nuevas liberaciones y de un nuevo acuerdo humanitario. Por anticipado lo decimos: no lo aceptamos.”
 
Mucho menos se hace mención de las nuevas medidas persecutorias contra el movimiento estudiantil bolivariano secundario y universitario colombiano al que se lo persigue y acosa por defender la lucha revolucionaria en su país.      
 
Esa es la política que defiende Ingrid Betancourt.
 
Da pena ver cómo los problemas fundamentales que vive Colombia como son la intromisión gringa en los asuntos internos de ese país hermano, la desigual distribución de la riqueza, la pobreza extrema, la existencia de un Estado corrupto de corte fascistoide, represivo al servicio de los grupos de poder, que actúa conjuntamente con el paramilitarismo para defender los intereses de los grandes ganaderos y terratenientes, no hayan sido debatidos en esta gira de Ingrid Betancourt, con miras a encontrar alternativas de solución a los mismos. 
 
Vergüenza se siente ver a esos gobernantes, incluidos los que supuestamente defienden posturas progresistas, recibir en los palacetes de gobierno a ésta personaje de la oligarquía colombiana, a quien, sin cuestionamiento alguno a sus posturas, han brindado todo su respaldo.
 
Los medios y los periodistas serviles ni siquiera se preocupan por conocer con detalle los planteamientos de Ingrid Betancourt sobre otros temas que no sean las FARC. Por ejemplo, sería bueno saber sus ideas sobre la reciente marcha  indígena-campesina realizada en contra de la política de Uribe y que fue reprimida por el ejército colombiano; o sobre el negocio de las pirámides financieras en las que se hallan involucrados los hijos de Uribe.
 
Los enemigos de la paz en Colombia son aquellos que no han querido sentarse a hablar y buscar la solución efectiva a estos problemas. Y no lo van hacer, porque la clase dominante colombiana no va entregar por la vía del diálogo su poder al pueblo. Ninguna clase social dominante se suicida.
 
Esa es la razón por la que se hallan empecinados en derrotar a la insurgencia colombiana.
 
Los poderosos se creen con el derecho de juzgar la lucha de los pueblos y de exigirles su rendición a cambio de nada. La paz que ellos buscan para el movimiento revolucionario colombiano,  es la paz de los cementerios.
 
Por ello es necesario que las fuerzas revolucionarias de izquierda a nivel mundial emprendan una campaña internacional de solidaridad con el pueblo colombiano y sus organizaciones políticas en armas o no, porque en esta lucha el único camino para derrotar a los enemigos del género humano: el imperialismo y sus lacayas oligarquías, es la unidad de las y los revolucionarios.

 

Argentina: El arte de la boludez

Hernán López Echagüe

 

 

Presidencia de la Nación.
Foto: Felipe Solá, Daniel Scioli, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Julio Cobos. / Autor: Presidencia de la Nación.

(Nota del autor: este artículo lo escribí en septiembre del año 2003. No obstante, ahora que Felipe Solá ha resuelto impulsar, junto al partido de Mauricio Macri, un «bloque rural» en Diputados, me ha parecido oportuna su reedición)

El responsable y propietario intelectual de estas líneas es Roberto Arlt. Días atrás, en tanto pasaba la vista por una compilación de sus aguafuertes porteñas, uno de los escritos, titulado El que siempre da la razón, concitó mi atención. “Hay un tipo de hombre que no tiene color definido”, me decía Arlt en el inicio del artículo, “siempre le da a usted la razón, siempre sonríe, siempre está dispuesto a condolerse con su dolor y a sonreír con su alegría, y ni por broma contradice a nadie, ni tampoco habla mal de sus prójimos, y todos son buenos para él, y, aunque se le diga en la propia cara: `¡Usted es un hipócrita!´, es imposible hacerle abandonar su estudiada posición de ecuanimidad”. Y añadía líneas más adelante: “Esta efigie de hombre me produce una sensación de monstruo gelatinoso, enorme, con más profundidades que el mismo mar. No por lo que dice, sino por lo que oculta”.

De inmediato me vino a la memoria el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, hombre seductor y dicharachero, afecto a la humorada y a un discurso teñido de inofensiva propensión a la ecuanimidad; presa de un inexplicable deseo de pertenencia al poder; catadura de persona decente y civilizada; aires de peronista melancólico y renovador.

Hace tiempo, interrogado acerca de su talento para permanecer en el poder, el ingeniero agrónomo Solá, entonces secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca del gobierno de Carlos Menem –cargo que ocupó por ocho años–, tornó popular un apotegma que todo político con ansia de perpetuidad ha sabido acuñar y practicar a rajatabla: “Para durar en el gobierno, hay que hacerse el boludo”.

Hacerse el boludo, en la atmósfera rioplatense, resiste, creo, infinidad de frases sinónimas: hacerse el otario; mirar hacia otra parte; hacerse el sota; hacer la vista gorda; silbar bajito; hacerse el tonto; etcétera, etcétera. Un desdén que, conforme las circunstancias, puede resultar digno de un certero sopapo, o, por el contrario, merecedor del aplauso, incluso de una buena carcajada. Hay momentos en que a todas luces es aconsejable hacerse el boludo. El muchacho deambula con su novia por un callejón de Ciudad Evita, medianoche de cielo borrascoso, y de pronto una barra de jóvenes robustos y ávidos de conversación se interpone en su camino: “Che, vo”, le dicen. “Por qué no compartís ese culo con nosotros”. En situaciones de ese tipo, bienvenido será el acometimiento de una repentina sordera.

Existen, claro, casos por completo opuestos. Me refiero a ese hato de boludos de naturaleza irredimible que, con sumo esfuerzo, simulan cordura, sensatez; raza imperecedera que hoy tiene en el presidente Bush a su ejemplar más vivaz y acabado.

En un estado de profunda y letargosa boludez ha tenido que vivir sumergido el ingeniero Solá para permanecer en uno u otro sector del poder a lo largo de trece años, porque a su estada en el gobierno de Carlos Menem debemos sumar su estada en el parlamento, representando, claro está, al oficialismo. En tanto Menem indultaba a militares genocidas y a sombríos fantoches como Aldo Rico; seducía a empresarios foráneos con alma de mercachifles; incorporaba a su gobierno a los sectores más conservadores y reaccionarios; se fundía en un abrazo con el almirante Isaac Rojas, acaso el más emblemático de los enemigos del peronismo histórico; condecoraba a Augusto Pinochet, besaba los cachetes de Lino Oviedo y a boca de jarro reivindicaba la masacre cometida por las Junta Militares en la Argentina, Solá se hacía el boludo. Menem echaba mano de cada una de las grietas que ofrece esta democracia formal para ignorar los preceptos de la Constitución y hacer de la Justicia un poder sumiso y obsecuente, y Solá se hacía el otario.

Menem se abandonaba a la faena de las privatizaciones caprichosas e irregulares, entregaba del manejo de la política económica a los ilustrados hombres del Fondo Monetario Internacional, sorteaba con habilidad su parentesco o familiaridad con personajes enlazados al lavado de dinero proveniente del narcotráfico, y el ecuánime Solá se hacía el tonto. Mientras Menem llamaba delincuentes a periodistas y opositores, y ampliaba el número de miembros de la Corte Suprema con el excluyente objetivo de lograr la aprobación legal de proyectos inauditos y, por lo demás, eludir decorosamente toda denuncia penal en contra de sus parientes, amigos y funcionarios, Solá contaba vacas y, desde luego, miraba hacia otra parte. En tanto Menem abría las puertas del país a delincuentes internacionales como Gaith Pharaon y Monzer Al Kassar, Solá pensaba en girasoles y se hacía el sota. Haciéndose el boludo con destreza formidable, supo compartir banquetes, reuniones oficiales, actos públicos, abrazos y copas de champán con personajes de la calaña de Víctor Alderete, Luis Barrionuevo, Armando Cavalieri, Domingo Cavallo y Carlos Corach; Augusto Alassino, Antonio Erman González, Roberto Dromi y Omar Fassi Lavalle; Hugo Franco, Carlos Grosso, Alberto Lestelle, José Luis Manzano y Munir Menem; Matilde Menéndez, Ramón Hernández y Armando Gostanián; Miguel Angel Vicco, Alberto Kohan, Eduardo Bauzá, María Julia Alsogaray y Emir Yoma; Eduardo Duhalde, Alberto Pierri, Amira Yoma, Adolfo Rodríguez Saa y Luis Abelardo Patti. En tanto Menem despojaba a la política de su esencia, es decir, el debate, la confrontación de ideas y proyectos, y la situaba en el único escenario que dominaba a sus anchas, aquel regido por las leyes de la banalidad y el entretenimiento, dejando en pie solamente el estuche, el pellejo, Solá contaba peces de colores y boludeaba.

En fin, entre tanto Menem nos hacía experimentar de manera impía el sentido físico, carnal, de las palabras pesadumbre, hastío e impotencia, Solá se hacía el boludo de manera proverbial y asombrosa.

Llegó el año 1999, su asunción como vicegobernador de Carlos Ruckauf, y entonces la boludez cobró la magnitud de majestuoso arte: “Sí, Ruckauf es un nazi”, admitió. “Pero así es la política. Solamente desde adentro se pueden modificar las cosas”. Un tipo de boludez, a fin de cuentas, que guarda íntima relación con la hipocresía, es decir, con el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que de veras se tienen o experimentan. Ahora bien, transcurrir la vida haciéndose el boludo con el único y excluyente propósito de permanecer en el poder, en tanto ese poder al que se pertenece devora, arruina y descuaderna un país, supera ya los límites de la boludez común y ordinaria, habitualmente inofensiva, y comporta un grado de verdadera complicidad.

Contemplar a Solá semanas atrás junto a Estela Carlotto, encabezando la insondable marcha contra la violencia y la represión que se llevó a cabo en la ciudad de La Plata, me causó náusea. A lo largo de doce cuadras, cientos de personas le lanzaron furiosas maldiciones, y Solá, claro, se hizo el boludo. ¿Hacerse el boludo? Sencillo: una palmadita en el hombro de los policías que asesinaron a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, y una palmadita en el hombro de los padres de las víctimas; un afectuoso abrazo con Alberto Pierri en un estudio de televisión, un reto a las patotas políticas que Pierri comanda; marchar codo a codo con la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, y haberse hecho el boludo cuando el gobierno del que formaba parte indultaba a los militares que se habían apropiado de los niños que esas abuelas buscan, con desespero, por toda parte.

Más allá de toda interpretación, hay algo que sí queda claro: de tanto hacerse el boludo, cualquier persona se convierte en flor de boludo.

Difícil saber qué principios imperan en el interior de Felipe Solá, en el interior de los cientos de Felipes Solás que ya son maleza en la política de esta enflaquecida comarca sureña.”¿Qué es lo que desenvuelve dentro de él? ¿Qué tormentas?”, finaliza Arlt. “No me lo imagino… puede estar usted seguro que en la soledad, en ese semblante que siempre sonríe, debe dibujarse una tal fealdad taciturna, que al mismo diablo se le pondrá la piel fría y mirará con prevención a su esperpento sobre la tierra: el hipócrita”. 

Argenpress info

México sin enemigo al frente, el PAN y el PRI seguirán durmiendo juntos.

Pedro Echeverría

 

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.El PRD no será ya competidor serio en las elecciones. En vez de acabar con el presidente ilegítimo Calderón, fue éste quien profundizó la división en el PRD y, apoyando a “los chuchos”, lo hizo desaparecer del escenario electoral. López Obrador, el que mayor convocatoria de masas ha tenido, deberá decidir muy rápido lo que va a hacer.

Funda un partido más o usa el registro del PT o Convergencia para seguir por el camino electoral o, haciendo una revolución en su conciencia, se decide por la lucha social junto con campesinos, obreros, colonos, estudiantes. Los movimientos de masas tampoco son una garantía: muchos llegan a ser controlados por sectores de la burguesía; sólo basta con estudiar en lo que se convirtió el peronismo, el aprismo, la llamada revolución boliviana de 1952 o el mismo cardenismo priísta. Sin embargo otra cosa ha sido los Sin Tierra de Brasil, los indígenas bolivianos que siguen a Evo y el movimiento bolivariano de Chávez. Seguir leyendo «México sin enemigo al frente, el PAN y el PRI seguirán durmiendo juntos.»